Por weona me pasa

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Luego de un tiempo de ausencia en este blog, por motivos varios, como falta de tiempo y porque me reconozco una weona pajera, quise volver a escribir y crear un tipo de sección nueva. La idea es que me escriban sus experiencias y yo las transforme en mías, o las cuente desde vuestro anonimato. La nueva sección es: “Descargos personales, pero por weon(a) me pasa”.

Se trata de contar cosas que nos pasan a todos o a la gran mayoría, y que finalmente no pueden ser motivo de quejas, porque si nos ocurren es porque uno es weón. Aquí les va la primera historia:

La decepción y la intuición

El otro día hablábamos con unos amigos sobre los sentimientos malos que habíamos experimentado durante nuestras vidas. Nombramos la envidia, la ansiedad, la tristeza por la pérdida de un ser querido, la soledad, entre otras…

Pero para mí el sentimiento más devastador es la decepción. Y expuse mi elección del peor sentimiento mundial.

La decepción está precedida por algo tan lindo como la ilusión, tal vez no de grandes cosas, pero por lo bajo, de que la gente responde a cierto parámetro moral, de amistad, de lealtad. Más que ilusión, una expectativa positiva acerca de la gente en la que confías o a la que incluso te entregas.

Les comentaba a estos amigos que yo tenía una especie de “magister” en decepciones, pero que finalmente me culpo a mí misma de ello.

homero-yuju-960x623He funcionado a lo largo de mi vida de una manera bastante básica y a la vez extraña. Ya que soy de esas que esperan mucho del otro, de esas que se entregan mucho y confían ciegamente en el del lado. Tal vez es culpa de la cantidad de novelas que leí, de las teleseries brasileñas de después de almuerzo, y de la estúpida HelloKitty, que inventó el amor y la amistad. Soy capaz de acompañar a alguien hasta la cresta del mundo, viendo con pena que cuando pido que me acompañen, ni a la esquina llegan. Lo que me transforma en el balance de final de mes, en una soberana weona.

Defiendo con uñas a quienes más quiero y me doy cuenta que cuando necesito un mínimo apoyo, todos, o la gran mayoría, prefieren cuidarse el culo que interceder a mi favor. Abogada pobre y pobre abogada.

A veces pensamos que una persona es muy  importante en nuestra vida, pero la importancia se la damos nosotros. Elevamos a esa persona a una altura que, tal vez, nunca mereció.

Y ahí está, nos ilusionamos con una expectativa y luego viene la decepción, que es lo más parecido a caerse de hocico en una calle transitada, con las manos llenas de bolsas. Es una caída estrepitosa que duele más que la cresta.

¡Y esto no es todo! Me considero una persona muy intuitiva. Me creo casi vidente por eso, según yo las cacho al vuelo, y no me equivoco…¿Y para qué mierda me sirve la intuición si jamás la sigo?

Pero mi amiga Ina me dio un dato que me hizo sentir que no estaba sola. La intuición no le sirve a nadie, pues uno decide su actuar en base a lo que el cerebro te indica.

Ahora miro atrás y me doy cuenta que lo primero que pensé de una persona que conocí hace más de un año,  no fue un prejuicio, sino que era mi correcta y genuina intuición. No era de fiar, su ego era más alto que cualquier cima de la montaña más grande, y que esos “códigos” que creí compartir con ella, no eran más que una manera salamera de acercarse a mí para sacar el mayor provecho posible. Me cagó po. Y no era el primer ser humano, ni el quinto. Era como el weón mil doscientos veinte que me decepcionaba.

3a116884945f870924f1ffd3f36fc015Si hubiese obedecido a mi alarma de “no te acerques”, no habría sentido esa insatisfacción de que esa persona no cumpliera la expectativa. Por eso hago un llamado a no pensar tanto en darle otra oportunidad a la gente. Tomemos en cuenta nuestro “pielómetro”. Si no me tinca ese weón, no me tinca no más. Y no hablo de “me cae mal de presencia”, porque eso es una tontera, pero ¡démosle importancia a nuestro sexto sentido por favor!

Volviendo a la decepción, como una graduada con honores en decepcionarme del resto, los invito a hacer un mea culpa. Uno se tropieza con piedras similares, una y otra vez. Cuidemos nuestros pasos, seamos más cautelosos y entendamos que uno también debe haber decepcionado a mucha gente, pero no por eso vamos a aceptar a tanto imbécil en nuestras vidas.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Benjamin dice:

    ia y como llegue yo a este blog?
    una de las gracias del ser humano, es que se logra cierto grado de placer al sentirse identificado, es totalmente inútil pero gratificante.

  2. Vale dice:

    Genial, que manera de dar en el clavo, eres seca la embarraste……..

  3. Cata dice:

    Cuanto sabe cuanto sabe Pame

  4. Por dios!! que preciso mas identificada no me podía sentir y creo que es el sentir del 99%, en mi caso creo que es una especie de masoquismo querer tropezar con la misma piedra pensando que “esa piedra” podría cambiar, cuando la que tiene que ponerse mas vivaracha es una.

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